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martes, 5 de enero de 2021

La Vida con mayúscula

     Qué a gusto hemos vivido y vivimos en esta sociedad consumista. No todos, claro, pero sí una parte considerable de la población de los países desarrollados. Confort, empleo, ocio, adelantos científicos, tecnológicos, médicos... 

    Sin embargo, en las últimas décadas se han oído voces, se han publicado libros y artículos,  se han dado conferencias  sobre la amenaza que en el fondo supone esa filosofía de vida, con una sociedad cada vez más dada a  enredada en un consumismo desaforado y destructor de los bienes  de la Naturaleza.    

    Pero  a la hora de la verdad todo ha seguido igual. Mejor dicho, peor. La historia demuestra que renunciar a la abundancia y al confort es casi una quimera: estamos atrapados, estamos encerrados en la burbuja de la autocomplacencia.  

    Y de pronto, un virus altamente infeccioso, de gran poder letal, el coronavirus, se infiltra en los pulmones de los seres humanos y mata a millones de ellos, actuando como implacable vengador de esa naturaleza que tanto expoliamos: como si la Vida, la Vida con mayúscula, estuviera matando para no morir.

    

domingo, 20 de diciembre de 2020

ESPEJOS

Estoy bastante molesto con el espejo del lavabo de mi casa, frente al que me afeito cada día. Desde hace algún tiempo, seis o siete meses, viene dándome una imagen de mi rostro sin el brillo y la lozanía que solía.
Durante bastante tiempo, varios años, este espejo había tenido la gentileza de no darse por enterado de mi creciente edad, creando conmigo una tácita alianza para dar la espalda al paso del tiempo. Enjabonándome el rostro, pasando la maquinilla al bies o a contrapelo, yo me veía retratado con un cutis terso y sin una arruga. 
Es verdad que el espejo del ascensor estaba en otra onda, y fue de manera paulatina. Un día noté que exageraba mi curva estomacal y que a mis ojos le quitaba brilló, lo cual no me afectó verdaderamente, porque además del espejo del baño, otros, como las lunas de los escaparates, y las puertas y mamparas de cristal me veían como si el tiempo no pasara por mí. Y por si tuvieran tentación perversa, hace ya unos cuantos que sólo me miro en ellos de refilón, como hago con el borde espejo del ascensor.
En fin, con los espejos pasa como con las personas. A unas les caes bien, y  a otras mal, sin saber por qué.

viernes, 20 de noviembre de 2020

EL VIRUS CORONA

        En un principio, creo que al mal que tan despiadadamente nos ataca -a todo el mundo- le llamábamos “Corona virus”. Es la palabra que, si mal no recuerdo, leíamos crecientemente en la prensa. Bueno, dos palabras. Una, “virus”, un sustantivo, ejerciendo como tal, y la otra, “corona”, también sustantivo, haciendo de adjetivo: una alianza que constantemente brota en el uso de la lengua, y que no debería disonar, aunque aquí tenga un “deje” inglés, lengua en la que el adjetivo suele preceder fielmente al nombre. Si el binomio se hubiera acuñado en un país de habla española, ahora estaríamos seguramente sufriendo el “Virus corona 19”, no el “Coronavirus 19”.

         En cualquier caso, y de manera creciente, parece que se va imponiendo  Covid 19 (acrónimo de Corona virus disease), o simplemente Covid, al que unas veces oigo aludir como “El Covid”, y otras, quizá con más frecuencia, como “La Covid”.  Yo personalmente prefiero la primera pareja, quizá porque concuerda con el género masculino de “virus”, mientras que su atribución al género femenino con el artículo “la”, me suena rara. A sus usuarios les parecerá natural: me gustaría saber por qué. 

jueves, 22 de octubre de 2020

INQUIETUD


            No recuerdo la primera vez que me vi reflejado en un espejo. Era niño, claro está, y debí sorprenderme de encontrarme allí enfrente, duplicado, Caramba, ese soy yo, que sonrío y sonríe, que me agarro la nariz, y él también. Y qué menudo soy, pues me creía más grande, qué chasco. Saco la lengua, le hago burla, y él a mí, pues no me gusta eso, a ver si te estás quieto, por favor. Abro la boca, él igual, le falta un diente. ¡El mismo que a mí! Arrugo la frente: ¡Que te estés quieto! ¿Por qué tienes que hacer siempre lo que yo hago? Es imposible, me tiene dominado. Bueno, no, lo que pasa es que yo estoy aquí y dentro del espejo, al mismo tiempo, y también mi hermana cuando se peina, y mi padre cuando se afeita. Todos, todos estamos aquí y ahí. Antes no me daba cuenta, antes yo sólo estaba aquí. Y ahora ese ahí me inquieta.

martes, 13 de octubre de 2020

OTROS LIBROS

             Un cuadro es un libro abierto. Todo lo que dice está a la vista, y cualquiera puede leerlo directamente y juzgarlo según su propio saber y entender.

Un libro es un cuadro cerrado. Hay que abrirlo y recorrerlo página a página para saber qué dice y cómo lo dice.

Tablillas, pergaminos, etc. Cada uno significó un grado más de conservación y difusión de la escritura. Hasta llegar al libro, tan sólido, tan manejable, tan espacioso, que arrasó y se impuso como instrumento ideal de escritura y lectura.

El papel, claro, es el componente fundamental del libro, que materialmente consiste en un manojo de hojas escritas por las dos caras y atadas. Para conocer su contenido hay que pasarlas una a una.

Pero ahora los libros pueden leerse también en pantalla, almacenados en memorias electrónicas que pueden albergar gigantescas bibliotecas.

            Los libros así guardados ya no ocupan espacios, pero  están más escondidos y cerrados que nunca, y no se pueden palpar, aunque sí ojear. La proximidad del libro, al mismo tiempo, se ha esfumado. Ya no está ahí, visible, tangible, sino sumido en un oscuro e insondable abismo electrónico.

jueves, 24 de septiembre de 2020

JAVIER MARÍAS

 

El pasado domingo, 20 de septiembre, apareció en El País Semanal  un artículo de Javier Marías, titulado: “La aberrante confusión entre logro y empeño”. Allí Marías se queja de “los oportunistas” que han calificado de “privilegiados” a 153 intelectuales, firmantes de un manifiesto en la revista Harper’s, pues privilegiados no son quienes con sacrificio y talento logran alcanzar una alta cota de reconocimiento en el campo en que han cosechado sus éxitos, pues sin ir más lejos, en España tenemos notables casos de artistas y escritores que han salido de la nada, como Almodóvar, Ana Belén y Landero, entre otros. Otro caso extraordinario es el del notable pensador Julián Marías, quien, como su hijo nos relata, fue represaliado por el régimen franquista, no pudiendo publicar en la prensa y ejercer la enseñanza hasta mediados de los años cincuenta. A la sociedad ha dejado su insigne obra, y a sus hijos su apellido: no un privilegio, pero sí una gran herencia, que en el caso de Javier se junta a su excepcional talento narrativo. Creo que esa sería la respuesta a su sincera pregunta: “¿Soy yo mismo un ‘privilegiado’?”.

martes, 15 de septiembre de 2020

¡CHAPEAU!

 

           

            Ojeando hace unos días el periódico, vi varias fotos de una familia de clase media en los años treinta del siglo pasado. Y todos, varios hombres y mujeres, llevaban sombrero.

            Personalmente, en los años cuarenta, recuerdo que era bastante corriente el uso del sombrero en el elemento masculino; no así en el femenino, donde ya debía estar finiquitado, y en concordancia con ello puedo aducir el caso de una prima mía, madrileña, de profesión sombrerera que, terminó en el paro, para algún tiempo después emplearse de taquillera de un cine.

            Los años cuarenta vieron desaparecer poco a poco el sombrero de la cabeza de los hombres, como podemos rastrear por las películas de la época. Ah, por cierto, los gangsters llevaban siempre sombrero. Los cow-boys también, aunque su origen fuera otro.

            El sombrero daba respetabilidad, y lo llevaba la clase media y alta. La clase obrera no llevaba sombrero: lo suyo era la gorra y la boina, que todavía se usan, aunque más bien por parte de gente rural.

            En los interiores los hombres se quitaban el sombrero, se “descubrían” era la palabra. Alzando el sombrero se emitía un saludo muy cortés, y ha perdurado el gesto de pinzar con el pulgar y el índice  una supuesta ala de sombrero, para expresar respeto o admiración, que algunos acompañan con la expresión: chapeau!

lunes, 17 de agosto de 2020

AMISTAD VERGONZANTE

Mirando hacia atrás en el desarrollo de la personalidad, parece incuestionable que la ideología (para decirlo brevemente), es un sentimiento que está ausente de la mentalidad infantil. Los niños (quizá hasta bien avanzada la adolescencia) no son de izquierdas ni de derechas.
            Se pierde la inocencia, se evapora la magia, se aprende que los Reyes Magos no traen los regalos de Navidad, y quizá a partir de ahí queda el terreno abonado para que, lentamente, muy lentamente al principio, el desarrollo ideológico del joven vaya conformándose a la manera de lo que oye y ve en el comportamiento de los padres.
            A los 16 o 17 años puede ya un chico o chica sentirse apasionadamente afín a un determinado partido político y hasta participar activamente en sus actividades. El origen de algunos líderes sobresalientes puede rastrearse hasta esa temprana edad.
            A diferencia de la ideología, la amistad puede brotar en la infancia, para luego continuar (o no), hasta cualquier tramo del recorrido de la vida. Puede la amistad ser más o menos profunda y su pervivencia siempre depende de una mutua aceptación, El amigo es alguien a quien se quiere en sus virtudes y en sus defectos y, naturalmente, tanto por lo que compartimos como por lo que no compartimos.
            Y es en este último extremo donde resalta vivamente el conflicto, el dramático conflicto entre amistad e ideología. Tener un amigo de ideología contraria puede producir vergüenza, irritación, desprecio y temor, entre otros sentimientos negativos. Lo raro, lamentablemente, suele ser aceptar sin  reservas al amigo situado en la vertiente política contraria.

miércoles, 5 de agosto de 2020

"Yo estoy convencido"

Qué felicidad, que paz de espíritu conlleva el estar convencido de algo. Y qué intranquilidad el no ver claro, no saber a qué carta quedarse, no ver la luz, no dar con la respuesta a alguna pregunta sustanciosa. El ser humano posee esa capacidad o facultad de preguntarse por cuestiones más o menos vitales, y normalmente, la inclinación a dar una respuesta satisfactoria. Pero es más fácil lo primero que lo segundo. Es más arduo: la respuesta correcta puede estar contaminada por la propia subjetividad, por los gustos o aversiones personales y por nuestras propias limitaciones culturales, taras todas ellas que cuesta lo indecible reconocer. El resultado es que, sobre todo para las cuestiones de cierta complejidad, nos sea más asequible pulsar el botón de la auto afirmación que el del análisis objetivo y el estudio de la reflexión precedente. Es entonces cuando nos viene a los labios la frase: "Yo estoy convencido". Algo es así, no porque lo sustente alguna razón que aporto, sino porque "yo estoy convencido". Raro es el día que no oiga la frase, sobre todo en las tertulias de los medios.


domingo, 8 de diciembre de 2019

EL CASTIGO SIN VENGANZA

de Lope de Vega, tal y como está montado en el teatro La Comedia, de Madrid, fue para mí el otro día un castigo. Lo digo por la sobreactuación de los actores. Abusaron del énfasis, de los gritos de las carreras  y de los gestos desaforados para decir las cosas más simples, aunque lo peor fue cuando expresaban pensamientos o sentimientos tan atropelladamente que el cerebro del espectador no tenía capacidad para registrar y procesar. Por lo visto la consigna de la dirección era que había que mantener una constante de ruido, tensión y pasmo. Afortunadamente hubo unas escenas principales, que aunque no totalmente siempre, se interpretaron con relativo mesura expresiva, salvándose así el meollo argumental de la obra. Pero la verdad, yo particularmente, salí como vareado, y al mismo tiempo perplejo y contrariado. A mí me habría gustado ver una obra de Lope de Vega de la manera más ajustada posible al tempo y manera en que la concibió él. Y algo más, me pareció que los actores pocas veces eran conscientes de que estaban hablando en verso, y que en él las palabras figuran en una simbiosis de musicalidad y significado. Otra cosa es maltratar la creación artística del autor.

jueves, 31 de octubre de 2019

EL TEATRO

El teatro nos eleva, nos remonta. O mejor dicho, eleva la realidad. Nosotros, espectadores, nos sentimos instintivamente desgajados del monótono y a veces sombrío vivir cotidiano. Nada más ver el escenario, antes de que comience la función, ya empezamos a sentirnos enajenados, más o menos cautivos de unos sucesos desconocidos. Se alza el telón y automáticamente nos sentimos arrebatados por ese mundo -o más bien ultra mundo- que se ubica en el escenario. Comienza la acción y la vivimos cien por cien, desde la comodidad de nuestro asiento, seguros de que por muy trágica que sea la historia, no es nuestra. Vamos a sufrir o vamos a divertirnos, pero sin implicarnos, sin comprometernos. llegamos al final, se encienden las luces, aplaudimos a los actores que nos han hecho sentir emociones de variada índole, pero sin vivirlas. Nos alzamos de nuestros asientos, ya estamos de vuelta en el mundo real, pero con una sensación de alivio, de haber pasado un rato libres de sus ataduras. Y los actores ya se retiran, la ficción se ha acabado, regresan también al mundo real, van como destronados. 

miércoles, 9 de octubre de 2019

LA FLORA PIJO

No está en el Diccionario de la Real Academia Española, edición, 2006, que es la que yo tengo encima de mi mesa, la acepción de "pijo" que utilizo aquí.
Los pijos a que me refiero (también "pijas", por supuesto), se notan en el vestir pretencioso y en el habla fantasiosa, perlada de delirios de grandeza. Hubo unas décadas de posguerra civil española en que los pijos pululaban por precisos barrios de las ciudades. Entre ellos se reunían, alardeaban de infladas grandezas, bebían y se emparejaban. 

 Pero ¿qué ha sido de ellos? ¿Adónde fueron a parar? Las luces de la democracia parece que los ahuyentaron. Abandonaron sus plataformas favoritas, ya hasta los hemos casi olvidado, aunque de vez en cuando los recordamos, porque algún pijo se ve todavía donde solía parar. Y no es que sean longevos especímenes supervivientes, pueden ser relativamente jóvenes, personas que no conocieron la edad de oro de su especie, pero que no obstante la perpetúan. El pijo es una flora que brota habiendo terreno abonado, y éste no falta en los barrios suntuosos con establecimientos más o menos lujosos. Se le distingue por algún exquisito elemento de su atuendo. La verdad es que puede dar color al paisaje urbano, su medio natural. 

viernes, 4 de octubre de 2019

MI DIARIO

Estoy repasando mi diario, desde que empezó a ser digital, es decir, desde 2001, con vistas a su publicación. Cada día le dedico a la tarea de una hora a una hora y media. Y es un proyecto complicado. Hay anotaciones que pueden molestar, otras que pueden interpretarse torcidamente y, paralelamente, voy viendo, reviendo, escenas y situaciones que a veces me desasosiegan. Allá quedan arrumbadas para siempre en el desván del tiempo irrepetible, mientras  me encaran con unas facultades físicas y mentales, hoy en declive, y con un futuro que ya es “habas contadas”, para decirlo en llana lengua castellana.

miércoles, 24 de julio de 2019

LA FOTO

Es una escena turística preponderante: turistas más o menos jóvenes haciéndose fotos con alguna referencia local al fondo, referencia que puede ser emblemática. O no tanto. El placer, el gozo con el que se recibe el disparo hace pensar que lo que  más importa es uno, esa imagen de ese momento al que se podrá retornar ya para siempre. En cierta manera se trata de una victoria contra el deterioro implacable que acarrea el paso del tiempo.
            La foto siempre ha sido una pasión del turista, Su imagen ha incluido durante bastantes décadas una cámara fotográfica colgada al hombro. En un principio fue un artículo caro, luego se hizo cada vez más accesible, y siempre había que llevar a revelar la película. Y llegó el móvil y este paso dejó de ser imprescindible. El dispositivo capta la imagen, la guarda y hasta la archiva ordenadamente.
            En el móvil llevamos la pervivencia del presente, del instante, la derrota del olvido, por decirlo de alguna manera. Es llamativa la euforia con que los turistas registran sus visitas, siempre incluyéndose ellos mismos en la imagen. Uno se hace creador y protagonista.
            En la prehistoria de la fotografía, había profesionales que hacían fotos en momentos significativos  De infante, con sus padres. De adolescente. Enfundado en algún uniforme militar o civil. De moza o mozo casaderos. En pareja el día de la boda … Las fotos iban perpetuando así las sucesivas etapas de la vida del ciudadano.
            Había quien llevaba en su cartera una foto suya que mostraba con orgullo. También quien regalaba su retrato a algún ser querido.
            Y muy divertidas, por cierto, eran las “fotos al minuto”, que hacía un señor que metía la cabeza en una especie de bolsa antes de disparar, y luego las fotos las remojaba en un cubo con agua. Nada de esta gracia tenían las cabinas que vinieron después, donde uno se metía y echaba unas monedas y todo el proceso se realizaba misteriosa y mecánicamente.

viernes, 1 de marzo de 2019

A PRIMERA VISTA

-¿Tienen las personas un efluvio? ¿Despide cada uno un aire mudo, pero elocuente, de su carácter? ¿Puede la mera presencia transmitir un mensaje, un anuncio de la propia identidad?
Nada más verla, de una persona se nos ocurre que es arrogante, que es hosca o culta, humilde o antipática.  A aire de suficiencia, como sinónimo de  pedantería, alude Mª Moliner en su famoso diccionario.
El trato, evidentemente, proporciona la prueba más fiable, ¿pero la primera impresión no es a menudo la que prevalece?
Entonces, ¿cómo se escapa de cada uno de nosotros ese retrato insustancial? ¡Y en qué consiste? ¿Y cómo es percibido por los demás?
A algunas personas se les da mejor que a otras captar de primeras el carácter del otro; como si tuvieran más desarrollado un sentido especial. Conocer al prójimo a primera vista es un don, una especie de extra sentido.

miércoles, 2 de enero de 2019

PRENDAS

       En mi barrio hay una tienda ante cuyos escaparates me paro con frecuencia, movido por no sé qué interés. Allí se exhiben prendas de trabajo, como monos, guardapolvos, delantales, cofias, batas, chalecos y otros. Hasta un pantalón a rayas de mayordomo. 
        Contemplando estas prendas, sobre todo la última, las asocio con personajes propios de películas cinematográficas, “películas de época”, pertenecientes a la escala doméstica mayormente, Pero se ve que no es del todo así, que el pasado perdura en el presente bastante más de lo que parece y de lo que queremos creer.
       Por otro lado, no todo atuendo gremial es de orden servicial. Piénsese por ejemplo en las batas médicas, en el atuendo de los cirujanos y en el vestido de las enfermeras. Qué duda cabe que el uniforme en estos casos es una necesaria protección de orden sanitario.
        Vestir prenda distintiva puede, por otra parte, inspirar tanto orgullo como vanidad profesional.  Y puede detectarse a veces un innato amor por lucir uniforme, aunque su necesidad quede muy rebuscada. Antaño pasaba a veces con el “mono”, y también con el guardapolvos, que se calaban desde dependientes de tejidos, funcionarios de Correos y maestros de escuela –aunque en estos más justificadamente por el polvo de la tiza. Los trajes había que cuidarlos con mucho mimo. Como los zapatos, pero estos merecen capítulo aparte.

jueves, 22 de noviembre de 2018

EL JUBILADO

El jubilado se sentía ayer mismo ágil y vital mientras caminaba hacia Correos a certificar una carta.

El jubilado camina hoy con lentitud, desgana y cansancio. Hoy el jubilado no va a ninguna parte, no tiene nada que hacer; se ha echado a la calle, cansado de estar en casa.

Durante su vida laboral el jubilado se sintió siempre dinámico y ligero, pero desde que se retiró -hace poco más de una año- empezó a experimentar estos episodios de cansancio físico y moral, aunque su salud sigue siendo buena -el médico y los análisis lo aseguran.

Pero, ¿volvería, retomaría su actividad profesional que ejerció durante más de cuarenta años? Rotundamente, no. Ya no le interesan en absoluto los objetivos ocupacionales y creativos de antaño. El entusiasmo que le impulsaba a alcanzar metas cada vez más altas se hundió, como agua por sumidero. Fútiles le parecen ahora aquellos afanes.

Ahora queda vegetar, palpar el paso del tiempo, una afortunada capacidad, que sería gozosa de no actuar esa nube negra, esa tenaz angustia que provoca el carecer de proyecto, de tarea y  de obligación.

sábado, 18 de agosto de 2018

UNA NUEVA DIMENSION

Hasta que se inventó la radio, las noticias, los sucesos, el día a día del mundo, era dado a conocer por medio de la prensa diaria.
Se conocían los sucesos con un retraso de veinticuatro horas, si bien podían ser menos donde se publicaba algún periódico vespertino. Hasta que apareció la radio, que nos aportó la posibilidad de conocer las noticias con inmediatez y hasta con simultaneidad. Y luego, con el desarrollo de la televisión se hizo posible el milagro de verlas, de ver lo que está ocurriendo fuera del alcance de nuestros sentidos, no importa donde sea. "Estamos hechos de la misma materia que lo sueños", dejó dicho Shakespeare.  Era cuando el hombre sólo era testigo de su realidad mas inmediata. Ahora seguimos sin duda condicionados por nuestros sueños, pero además por nuestra permanente visión de la realidad lejana -una nueva dimensión.

domingo, 25 de febrero de 2018

BACH VERMUT

Así se titulaba el concierto matinal en el Auditorio Nacional, al que asistí el sábado17 de este mes.
El asociar el tapeo con el arte parece que se va extendiendo. Hasta ahora, desde luego, esta combinación parecía más hermanada con la presentción de libros, obras siempre demasiado herméticas para apreciar a priera vista, de manera que el ya clásico "vino español" le vaya como anillo al dedo a tales eventos. Hasta el punto de que ya la presentación de un libro queda bastante desangelada sin el piscolavis en cuestión -gratis para el auditorio, por supuesto.
Sin embargo, en el "Bach Vermut" al que asistí, la consumición corría a cargo de los oyentes:tapas variadas y bebias más o menos alcohólicas se ofrecían en un amplio vestíbulo, previo pago de su importe. Y mientras se engullía podían escucharse versines de Bach interpretadas por varios artistas.
Personalmente, con todos los respetos, dada la hora más que meridiana, mi estómago me reclamaba combustible; aparte de que el concierto en sí, protagonizado por la organista Loreto Aramendi, lo había gozado tanto, que me resistía a sustituir sus ecos con nuevos acordes.
Porque fue una experiencia portentosa escuchar a Bach, a Listz y a otros, interpretdos por unas manos y unos dedos de los que parecía brotar la música. Una pantalla, sabiamente ubicada, nos permitía ver la ejecución de las piezas en proxiidad, la labor de las manos, los pies y hasta el cuerpo de la organista, conjuntamente actuando para hacer brotar del órgano un manantial de música.
Muy acertadamente, la cámara dedicó frecuente atención a los pies de la artista, vivos y diestros instrumentos que arrancaban del órgano sus voces más profundas.
La cámara aportó una proximidad que normalmente ni siquiera se disfruta en directo, sobre todo con el órgano, señera y distante fuente musical.  Ah. en un par de breves enfoques, vimos también el rostro de la artista, y entonces la música se hizo visual. 

sábado, 13 de enero de 2018

SÁNCHEZ-RIVERA-IGLESIAS

Oyendo discursear a Pedro Sánchez, el líder del PSOE, uno recuerda el estilo de sus antecesores; el primero de ellos, Felipe González. Los tics, los gestos y la oratoria se heredan. Oyendo a  Rivera, sin embargo,  uno oye a Rivera.Y oyendo a Iglesias uno oye a Iglesias. La diferencia puede percibirse de manera subliminal, pero no por ello menos determinante.